Qué hacer en Bonaire
Flamencos en salinas, cabañas de esclavos en la costa sur, el Parque Nacional Washington Slagbaai, Rincon y una capital que se cruza a pie en veinte minutos.
Hacia el sur el paisaje se vuelve blanco: las salinas, con flamencos en el agua y, junto a ellas en la costa, las pequeñas cabañas de piedra de los esclavos, tal como quedaron.
Mangazina di Rei, por encima de Rincon, fue el almacén al que acudían por sus provisiones los esclavos que trabajaban para el gobierno. Hoy es un centro cultural, y el mejor lugar de la isla para entender lo que uno está viendo.
El Parque Nacional Washington Slagbaai ocupa el norte de la isla y requiere casi un día entero, el depósito lleno y, a ser posible, un coche alto. Y Kralendijk es lo bastante pequeña para cruzarla a pie en veinte minutos, que es la mejor manera de conocerla.
En el este. En el Mangrove Center de Lac Bay un guía le lleva en kayak por los canales del manglar, un humedal protegido al que solo se entra con guía. Cerca de allí, la Donkey Sanctuary se recorre en su propio coche mientras los burros se acercan a la ventanilla. Vive de donativos, y es lo que los niños suelen recordar más tiempo.
En el norte. El Gotomeer, un lago salado camino del parque nacional, es el mejor lugar para ver flamencos. La Cadushy Distillery, en el centro de Rincon, ofrece visitas con degustación de sus licores y del Rom Rincon. El último sábado de cada mes, el mercado Nos Zjilea en Mangazina di Rei reúne comida local, artesanía y música en directo de 10:00 a 15:00.
Sobre la ciudad, el bulevar y la historia de Rincon, lea Kralendijk y Rincon.



